martes, 17 de marzo de 2009

ELECCIONES EN EL SALVADOR




Espero que sea enhorabuena.

No puedo evitar dedicar unas líneas a este pequeño país centroamericano que visité en el verano de 1.988 y del que guardo un entrañable recuerdo.

Aunque permanecimos (éramos un grupo de unas doce personas) allí desde el día 1 de Julio hasta el 20 del mismo mes (ese día nos fuimos a Nicaragua), recuerdo especialmente la estancia de cuatro de nosotros (tres chicos y yo misma) en una repoblación que se estaba llevando a cabo por salvadoreños que habían permanecido refugiados en la frontera de Honduras y regresaban a su país.

El lugar había sido bautizado como Santa Marta. Un conjunto de casas hechas de adobe y techos de uralita que proporcionaba el ACNUR, entre abundante y frondosa vegetación. Estuvimos conviviendo con ellos durante una semana, dando el relevo a un norteamericano, con el objetivo de asegurar presencia extranjera. Parecía que esto podría ser disuasorio para el Ejército Salvadoreño y sus desmanes en las incursiones que hacían en la zona. Zona que entonces estaba bajo control de la guerrilla del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional).

Ésta fue la razón, por la que, para poder llegar hasta allí evitando los controles del Ejército que nos lo habría impedido, establecimos contacto con unos campesinos, gracias a la mediación de un sacerdote, y ellos nos guiaron a distancia , monte a través, hasta llegar a Santa Marta. Un lugar agradable en el que, a primera vista, sólo vivían mujeres y niños. Muchos niños. Recibían formación todos los días, bajo un tendejón, pasándose los escasos lápices que compartían para copiar la historia de su país, que Marcos, un joven adolescente, les escribía en una pizarra, después de darles las recomendaciones pertinentes para saber actuar en el caso de que el Ejército Salvadoreño les hiciera una "visita". –“Recuerden- les decía- Si aparecen los soldados, ustedes, todos muditos”. Y añadía. “¿no les ha recomendado su mamá”. A lo que, a coro, contestaban:” ¿cómo no?”. No quiero ni debo recrearme en lo feliz que me sentí entre aquellos pequeños…

Una tarde, en la que me encontraba viendo cómo una de las mujeres elaboraba pan, me llevé un susto de muerte al ver pasar por entre las casas a un grupo de soldados. Comenté el hecho con la señora que, sonriendo, me tranquilizó diciendo: “No se preocupe usted. Son los muchachos”.

Salí corriendo en busca de mis tres compañeros y la aldea estaba repleta de guerrilleros del FMLN que además de acudir a visitar a sus mujeres, madres, hijos… aprovechaban para llenar las mochilas de maíz y frijoles. En las laderas de los montes que circundaban la zona, oteaban unos mientras otros, abajo, abrazaban a sus familiares para cambiar turno después y permitir bajar a los que arriba se habían quedado. Se celebró una fiesta en la que un grupo de tres ancianos interpretaban canciones con dos guitarras y un contrabajo deteriorados, pero no tanto como para impedir que de aquellas cuerdas saliera todo el entusiasmo y la alegría que llevaban dentro. Bailamos, cantamos, comimos tortas de maíz, nos abrazábamos, reíamos…fue entrañable. Entendí entonces por qué los pocos hombres que allí habitaban, eran mayores o les faltaba una pierna, fruto del contacto inoportuno con una de las múltiples minas antipersonas sembradas en el territorio.

El resto del tiempo que permanecimos en tierras salvadoreñas lo aprovechamos para realizar encuentros con organizaciones de mujeres campesinas, con sindicalistas, con miembros de otras organizaciones políticas clandestinas, asistiendo a aquellas manifestaciones en las que los asistentes llevaban la cara semicubierta por un pañuelo que les tapaba la nariz y la boca para evitar ser reconocidos. Con Ellacuría tuvimos la fortuna de mantener una larga e interesante conversación en el recinto de la UCA. No puedo contaros todas las intensas y abundantes experiencias (algunas temerarias por inconscientes y otras en las que el miedo nos acompañó, también por inconscientes). Tampoco era esa mi intención aunque me tiente.

No sé cómo habrá evolucionado desde entonces el FMLN aunque seguí siempre todas las noticias referidas a ellos y a su país. Pero sea como sea, no pude evitar sentir una gran satisfacción cuando hoy leí en la prensa su victoria en las elecciones salvadoreñas. Y recordar a Pedro Antonio, a María, Marcos, Amílcar… y tantos otros que entonces estaban dispuestos a darlo todo, incluso su vida, por la libertad.
Y dejadme que lo diga:
¡VIVA EL FRENTE FARABUNDO MARTÍ!
(Karen Dinesen)

6 comentarios:

miner dijo...

¡Viva!

belijerez dijo...

¡¡Viva la libertad y la verdad!!.

mary dijo...

crucemos los dedos y que tengan suerte, falta les va a hacer,si se equivocan por lo menos sera de buena fe.....oye menuda experiencia la que viviste,que envidia....tenia que ser un erasmus obligatorio para muchos, así verían lo felices que se puede ser sin apenas vienes materiales

miner dijo...

Este fin de semana hubo un reportaje muy guapo sobre el Salvador, y el asesinato de los Jesuitas. Me acordé de tú entrada.
Un saludo

Karen Dinesen dijo...

Recuerdo el impacto que me produjo aquel asesinato. Fue en Noviembre del 89. En Julio del 88 habíamos mantenido con Ellacuría una larga, interesante y entrañable conversación.Al resto de sacerdotes no les conocía. Tampoco al personal allí empleado. Pero me hizo, no sólo recordar a la persona de Ellacuría, sino todo el trabajo y la ilusión con que estaban tratando de llevar a cabo un proceso negociador que acabase con aquella brutal e injusta guerra...Me enrollo. No puedo remediarlo.Fue una experiencia intensa. Sólo esperar que no haya sido en vano y el FMLN haga un papel digno en lo que le toca ahora.

miner dijo...

El reportaje lo echaron en Informe SemanaL. Y hubo dos testigos que lograron escapar y vieron todo lo que ocurrió, y que todavía los tienen ocultos en EEUU.
Y ahora tratan los tribunales españoles de juzgar a los asesinos, ojala sea así.
Me pasa lo que a ti, siempre admiré a los religiosos que luchan por los demás. Y que realmente si ponen en practica la doctrina cristiana. No como sus jefes.