martes, 1 de septiembre de 2009

MIS TRES PRIMEROS HOMBRES


Mi abuela contaba siempre orgullosa que comencé a caminar a los nueve meses. Hacía mis pinitos de pasarela, tambaleante pero erguida, sin más apoyo que mi instinto y mi inseguridad, amortiguada seguramente por la esperanza de unos brazos familiares que me esperaban abiertos unos metros más allá de la salida de meta.

No era costumbre entonces que los varones paseasen empujando el carricoche facilitando así el paseo a las criaturas que necesitaban de este medio para desplazarse. Así que de esa tarea, hasta el momento crucial en el que paso de cuatro patas a dos, se encargaban mi madre y mi abuela.

Fue ese el momento en el comienzan a estrecharse las relaciones con los hombres de mi familia. Mi padre y mi tío ponen especial empeño en darme a conocer el mundo, mientras Bareto se ocupaba más bien de darme a conocer al mundo.

Fue mi padre quién me dio el nombre de la amapola una vez descubierta. También puso en mi vocabulario la palabra mariposa. Era un hombre cumplidor, riguroso, perfeccionista, íntegro. Introvertido hasta extremos impensables. Con una concepción equivocada del orgullo que, unida a la percepción de ser un derrotado entre los triunfadores de la guerra civil, le llevaba a vivir la vida con cierta amargura injustificada, fruto de sus complejos y prejuicios. Su padre, mi otro abuelo también republicano, miembro del Comité de Guerra durante la contienda, fue responsable de organizar la evacuación de niños y mujeres. Detenido y ejecutado tras el correspondiente Consejo de Guerra, mi otra abuela pasa al grupo de viudas de guerra con siete hijos de los que Manuel, mi padre, era el más pequeño. Tras un breve exilio en Francia y posteriormente en Cataluña, mi abuela regresa al pueblo con toda su descendencia. Asustadizo y atemorizado, mi padre no consiguió librarse de sus miedos que arrastró, mutados en manifestaciones varias, a lo largo de su vida. Era sensible y muy tierno; cualidades que siempre consideró erróneamente como debilidades procurando no darles demasiado pábulo. Sin embargo, el tiempo que permaneció a mi lado durante mis dos primeros años se materializó en una fructífera relación paterno-filial que tenía sus momentos de exaltación cuando me acercaba en sus paseos hasta el río o a una alameda próxima. Allí, lejos de cualquier recuerdo contaminante, disfrutaba con mi disfrute dando respuesta a mis interrogantes, gozando de mis observaciones y sintiéndose complacido con mi insaciable curiosidad.

Por lo que respecta a mi tío Joaquín, disfrutaba acercándome al mundo de la música mientras tarareaba unos compases de la suite del Cascanueces o La Barcarola de los Cuentos de Hoffmann. Apuesto a que la luna y las estrellas me llegaron también a través de él, acompañándolas de un discurso sobre el Universo, ininteligible a mi corta edad en contenido pero cálido y entrañable en las formas, provocando en mí una sonrisa de agradecimiento.

El tercer hombre no es un espía; aunque dio su batalla como militante de la CNT y miembro activo del Batallón de Onofre. Bareto pasó de combatiente apasionado a abuelo suplente, con su pasión repartida entre el cariño y la admiración por mi abuela y por mí misma. Él se encargaba con su don de gentes y su simpatía de presentarme en sociedad, llevándome de la mano en sus paseos urbanos, luciendo yo mis almidonados vestidos y mis rizos acentuados con la ayuda del efecto fijador de la cerveza.

El peculiar método de fijación del peinado no desarrolló en mí inclinación alguna hacia el líquido elemento. Sin embargo, mi relación a tres bandas con mis tres hombres tal vez pudo haber formado mi pensamiento en la idea de que no es suficiente con un hombre para toda la vida.

Karen Dinesen





8 comentarios:

belijerez dijo...

Absolutamente genial y enternecedor!!!!!
Poner en tus labios la amapola o la mariposa fueron los mejores cimientos de tus letras.
Ah si pudiesemos seguir viendo nuestra infancia, nuestros primeros años desde esa perspectiva real y positiva!!! Avanzaríamos de la mano de neustra historia y nuestras relaciones de forma agradecida, como lo haces tu, mi querida gran amiga.
Eres un sol acariciador, una sonrisa vibrante, una brisa suave...eres tu Karen Dinese, brillante.

Karen Dinesen dijo...

Beli, siento que me sonrojo. No sé cómo agradecer tus palabras.Espero que sepas justificarme si sólo sé decirte GRACIAS, amiga.
Un abrazo

Luis Simón Albalá Álvarez dijo...

Copio y pego lo de Beli

Karen Dinesen dijo...

GRACIAS también a ti, Luis Simón.

DIOS dijo...

Sí,Sí, no te asustes soy DIOS. Escribes como los Angeles, y no de Charli, no, no; ¡¡como los angeles celestiales!! soy especialista.
Una de las ventajas de ser Dios es que allaaaa donde este, tengo tarifa plana gratuita, (teléfono e internet) la tele no la quiero ni ver.
A mi no me tienes que dar las gracias, pues todo esto es:

Palabra de Dios

Karen Dinesen dijo...

"En fin, vino Dios a verme",
dijo Sor Juana Inés de la Cruz, conocida como "El Fénix de América".
Yo confórmeme con "cantar" como un jilguerín que no ye poco, Miner.
Pero no sabes cómo me presta que te suene como los ángeles.
Un par de saludinos.

casirua dijo...

Ya se ha dicho casi todo Karen, de lo bueno lo mejor.( hasta el Padreterno se ha molestado).
me delicio como siempre en la lectura de tu biografia..la claridad de tu narraciòn es afascinante.COMPLIMENTI!!

Karen Dinesen dijo...

Agradezco tu visita y tus siempre estimulantes palabras, Marydé.(¿Casirua y tú sois la misma persona, verdad?...)