domingo, 30 de noviembre de 2014

PESTIÑOS EN ABRIL.

¡Estaban buenííísimos!. O al menos a mí así me lo parecía.

 Un día de abril se celebraba en el Colegio el aniversario del nacimiento de la  fundadora de la Congregación. Ésta, las Hermanas Carmelitas de la Caridad. Aquélla, Joaquina de Vedruna que por aquel entonces en que mi infancia pululaba por el colegio dentro de mi menudo cuerpo y mi alma atormentada ya, a tenor del tamaño, había sido canonizada recientemente. Pues aquel día festivo con el que nos regalaban las monjas, fuera de los adjudicados en el calendario escolar por la Santa Iglesia Católica, inspiradora entonces del Servicio de Inspección de Educación, nos sabía a pestiño, a rosquillas de anís de sartén,a suspiros de monja...mmmm¡ todo ello mezclado con el sabor inigualable de la primavera que hacía presencia en los árboles del patio y en los olores y colores del jardín esmeradamente trenzado por la Hermana Victoria.

 Yo recuerdo siempre el día soleado, permitiendo la exhibición de los puestos de venta de aquellas delicias, cuidadosamente dispuestos y ornamentados por las inimitables manos artesanas que asomaban a través de las mangas remangadas del hábito de la Hermana Luisa, la Hermana Benita o la Hermana Prudencia, ataviadas para la ocasión con el añadido de un blanquísimo delantal. Era un día muy especial aquel. Con toda seguridad se celebraría una misa tan solemne como la ocasión exigía. Pero yo solo recuerdo mi recorrido por los puestos de venta en compañía de mi abuela, ya que en esta ocasión se abría el portón del patio del Colegio y tuttilimundi podía acceder al "mercadillo". Sobra decir que la recaudación de tal,tenía su destino en las Misiones como la colecta del Domund.Así que mi abuela que, aunque era políticamente incorrecta, sabía moverse en sociedad con la elegancia que da la sabiduría, contribuía al evento comprando suspiros para ella y pestiños para mí. Yo iba dando buena cuenta de ellos mientras nos dirigíamos a casa. Mi abuela se portaba tan generosamente que hasta permitía que mi comida se fuera al traste ese día. Evidentemente era una excepción en el marco de su disciplinada organización de la que yo era sujeto activo

.Cuando Bareto llegaba del trabajo tocaba reflexión. El era el responsable de hacerme ver la habilidad de las religiosas de Vedruna para obtener fondos para "los chinitos". Quién les ha visto y quién les ve ¿verdad?. No deja de ser curioso...Pues bien.El recorrido era el siguiente: días antes del festejo las monjas nos solicitaban colaboración a las alumnas para poder llevar a  cabo el mercado con éxito.Y para ello, por supuesto de forma voluntaria, podíamos llevar harina, azúcar, huevos, aceite...cada una en función de las posibilidades familiares, claro está.Mi abuela, que era una,más grande y más libre se portaba como la gran abuela que era y, aunque no se abstenía de  hacer los comentarios pertinentes para que yo fuera consciente, no ponía objeción alguna para que yo pudiera contribuir con azúcar o huevos.No permitiría nunca que mi personilla pudiera pasarlo mal si mi colaboración no se materializaba con la materia prima que constituiría la base de los pestiños y los suspiros que nos hacían dulcemente y con amor las Carmelitas de la Caridad para poder después disfrutarlos mientras nos hacían el favor de contribuir a dar de comer al hambriento.

 La lectura familiar del proceso ya la tenía clara con los sabios comentario de mi abuela. El rigor y la claridad para hacerme ver cómo pagaba dos veces los pestiños los ponía Bareto. El hombre dulcificaba su anticlericalismo en ocasiones como esta. Formaba parte del precio de mi educación. También era uno, pero más grande y más libre en aquel territorio hostil carente de las libertades más elementales.

çK.D.

4 comentarios:

Alipio dijo...

¡ Que sería de nosotros sin estos hermosos recuerdos de otros tiempos¡

Me imagino a la actual generación cuando recuerden el "ifone" o la "tablet"....No es lo mismo.

Saludos.

Karen Dinesen dijo...

Comparto tu reflexión, Alipio...Pero tendremos que hacérnoslo mirar...mmmmmmmmm...Disfruto recordando aquellos años. Pero tenemos que hacer lo posible por disfrutar nuestro presente, Alipio...Así que a ver qué inventamos!

Hubo un tiempo en que me lo pasé genial en el Foro de Pinto. Igual tengo que dar una vueltina por alli.

Un abrazo, Alipio. Y gracies por estar ahí.

belijerez dijo...

Querida amiga. Yo ahora he disfrutado leyendo tu entrada, como siempre genial.
Por cierto sabes que la persona que nos unió murió en noviembre?.....pobrecitllo.

Felicidades y besos.

Miguel Santomé dijo...

Porque tengo la sensacion de que esa historia la vivimos casi todos los de una determinada generacion, independiente del pais en donde nos criamos? Casi puedo oler el aceite frito de los "pestiños".