Llevo un tiempo charlando
con un par de “pegues” que hicieron un “ñeru” en la copa de un árbol del patio.
Tiene apariencia de abeto, y sus hojas de aguja, como la mayoría de la familia
de coníferas, están muy juntas y son abundantes, lo que le permite a la pareja
tener el nido a salvo, fuera del alcance de la vista.
Tuve la fortuna de poder
seguir todo el proceso al amparo del confinamiento. La ventana es mi salida a
la vida que sigue al otro lado. Libre y sin las presiones a las que la sometemos
cuando gozamos de nuestra libertad de movimiento. Me gusta el matiz. Siempre
puse en cuestión que le pusieran apellido a la Libertad pero si se trata de
libertad…la cosa ya cambia. Sigo.
El patio es un lugar lleno
de vitalidad. Durante todo el día, especialmente a la mañana y al atardecer, se
cruzan divertidamente los vuelos de urracas, palomos, gaviotas y otros que no me dan tiempo para poder
identificarlos. El silencio les echa una mano para que puedan hacerse oír sus voces y aleteos.
Pude observar el proceso de construcción del nido desde
la primera rama en el pico de una de las urracas hasta los
primeros vuelos de las crías... de
rápido y corto aleteo, midiendo y apurando los últimos metros de las distancias
iniciales de entrenamiento, cuya meta distaba
unos pocos metros desde el nido hasta un árbol próximo sin apenas coger altura…vuelta
de nuevo al nido, una vez recuperado el fuelle y espantado el susto…no tanto
por la dureza del recorrido, como por la ansiedad que probablemente les
provoque la inseguridad de su incursión en el mundo exterior.
Y así “mataba yo dos pájaros
de un tiro”. Disfrutando en mi relación con estos inquilinos, libres de amenaza de desahucio,
y tomando la vitamina D para echarle una mano a mis huesos. Una sobredosis
de vitalidad.
Esta mañana, mientras
desayunaba recordé que estaba transcurriendo el Pleno y le di al mando de TV. Estaba Pablo Casado haciendo
uso de la palabra, por decirlo formalmente….Mi estado emocional no me permite
semejante desmesura y apago.
Más tarde, mientras hacía mi
recorrido diario por el pasillo a ritmo de marcha, vuelvo a enchufarme y
coincido con Baldoví en el atril. Detengo el ejercicio que vale la pena. Cargo
las pilas durante su intervención, apago y vuelvo al pasillo.
Buen día
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