jueves, 9 de abril de 2020

GRACIAS A BALDOVÍ Y A "LES PEGUES" DEL PATIO


Llevo un tiempo charlando con un par de “pegues” que hicieron un “ñeru” en la copa de un árbol del patio. Tiene apariencia de abeto, y sus hojas de aguja, como la mayoría de la familia de coníferas, están muy juntas y son abundantes, lo que le permite a la pareja tener el nido a salvo, fuera del alcance de la vista.

Tuve la fortuna de poder seguir todo el proceso al amparo del confinamiento. La ventana es mi salida a la vida que sigue al otro lado. Libre y sin las presiones a las que la sometemos cuando gozamos de nuestra libertad de movimiento. Me gusta el matiz. Siempre puse en cuestión que le pusieran apellido a la Libertad pero si se trata de libertad…la cosa ya cambia. Sigo.

El patio es un lugar lleno de vitalidad. Durante todo el día, especialmente a la mañana y al atardecer, se cruzan divertidamente los vuelos de urracas, palomos, gaviotas  y otros que no me dan tiempo para poder identificarlos. El silencio les echa una mano para que puedan hacerse oír  sus voces y aleteos.
  
Pude observar el proceso de construcción del nido desde la primera rama  en el pico de una de las urracas  hasta los primeros vuelos de las crías...  de rápido y corto aleteo, midiendo y apurando los últimos metros de las distancias iniciales de entrenamiento, cuya meta    distaba unos pocos metros desde el nido hasta un árbol próximo sin apenas coger altura…vuelta de nuevo al nido, una vez recuperado el fuelle y espantado el susto…no tanto por la dureza del recorrido, como por la ansiedad que probablemente les provoque la inseguridad de su incursión en el mundo exterior.

Y así “mataba yo dos pájaros de un tiro”. Disfrutando en mi relación con estos inquilinos, libres de amenaza  de desahucio,  y tomando la vitamina D para echarle una mano a mis huesos. Una sobredosis de vitalidad.

Esta mañana, mientras desayunaba recordé que estaba transcurriendo el Pleno y  le di al mando de TV. Estaba Pablo Casado haciendo uso de la palabra, por decirlo formalmente….Mi estado emocional no me permite semejante desmesura y apago.

Más tarde, mientras hacía mi recorrido diario por el pasillo a ritmo de marcha, vuelvo a enchufarme y coincido con Baldoví en el atril. Detengo el ejercicio que vale la pena. Cargo las pilas durante su intervención, apago  y vuelvo al pasillo.

Buen día

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