Pero sin llegar a verlo.
En cuanto intento mirar arriba, una fuerza inusitada me
presiona en la coronilla con tal intensidad que ni mis pertinaces remolinos
ofrecen resistencia, hasta el punto de que
, en el intento de doblegarme , poco me falta para introducir la barbilla en el
esternón.
Y es que mirar arriba es un
peligro, señores míos…y señoras también. ¡Faltaría más! Y no entiendo yo tal
prevención. Todo dios sabe ya, por mucho que pretenda ignorar, que el meteorito
llegará tarde o temprano pero no supone mayor riesgo que el hecho de que pueda
caerte encima un trozo de cornisa. La diferencia está en que el meteorito nos
lleva a todos a la vez. Y una catástrofe que acabe con todo y con todos no es lo mismo que, que le
toque a uno así porque sí mientras el resto
se va de rositas. Mal de muchos, consuelo de tontos. El individualismo
es atroz y nos ocupa mayormente. Sin embargo, en el momento en que varios
individuos se identifican en un rasgo,
por leve que este sea, hacemos piña y elevamos
el individualismo a mayores. Seguimos manteniendo nuestra singularidad
como grupo frente a otro que, a su vez,
cree mantener la suya.
Y así nos va. De enfrentamiento en enfrentamiento
agudizándose la estupidez que se impone a la dialéctica…de esto ya no queda
stock. Tendremos que reformar el
concepto de “comunicación”, introduciendo algún matiz que permita acercarlo a las relaciones biunívocas encontradas en un punto de
estallido de insultos cuando menos…
Y si vamos a mayores, nos
encontramos con la tiranía, el terror,
la crueldad y el desprecio por la vida de que hace gala Putin elevando a
infinito su” putin” nombre , sembrando la muerte y el pánico en Ucrania. Más gente, aquí y allá, hará lo mismo y lo ignoraremos, obviamente…Pero
de este ya tenemos pruebas irrefutables.
Tucídides (Siglo V a.C.), en
su “Historia de la guerra del Peloponeso”, propone hacer una
distinción entre “causas” y “pretextos” para analizar los enfrentamientos
bélicos , incluyendo la ambición, la
envidia y el miedo entra las primeras. Y señalando como “pretextos” ,
recelos, quejas… de unos contra otros por motivos ocasionales.
Veinticinco siglos después
cambian las formas y entran en juego los medios…pero nada cambia en el fondo.
Que la Fuerza nos acompañe.
P.D. Siento el horror y las
muertes que está produciendo la barbarie de Putin. Mas también me duele en el
alma el sufrimiento de quienes se vieron privados de libertad para salir de
Ucrania porque la patria reclamaba su servicio obligatorio. Bastantes de ellos
puede que ya no puedan contarlo.
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