sábado, 2 de marzo de 2019

ARTE PARA AMANTES DEL MEDIOAMBIENTE


Desde que acabé aceptando que el arte es toda expresión creativa que interprete el real o imaginario del autor de dicha expresión, dejé de discutir sobre arte y seguí disfrutando de aquellas obras que siempre disfruté y empecé a disfrutar de otras que veía con prejuicios. Me gustan hasta los puntos de la serie azul de Miró que me negaba yo a mirarlos. No son los puntos, supongo, sino el contexto del amplio espacio azul que los contiene y me infunde serenidad. Claro que porque yo le echo imaginación, levito un pelín y ,si me concentro mucho, mucho hasta abstraerme , me siento como en la contemplación del  cielo azul en un momento que Miró, con mi inestimable ayuda, convierte en único. Sin embargo, el ala de la alondra que se acerca a la amapola…como que no…En esa no consigo yo empatizar con el reconocido pintor catalán.  Bien. Como introducción a lo que pretendo ya voy de largo.

Me encanta la pintura (una más que otra) pero ya me siento yo feliz, visitando museos o exposiciones en horas de escasa presencia, o con colgar en la pared de la sala (no sé porque se empeñan en llamar salón a los dieciséis metros cuadrados  donde solazamos en pijama los domingos por la tarde) una lámina de Magritte que me amplía el horizonte o unos carteles  de Toulouse- Lautrec , fruto de sus noches  en el “Lapin agile” dándole esquinazo a su melancolía .

No llevo, no obstante, con paciencia que me la quieran dar con queso. Descubro el vino picado hasta con el  “quesu  Cabrales”. Y así me  sentí  tonta del culo aguantando voluntariamente, porque nadie me obligó, un espectáculo indignante, en el que el genial- sin duda- Salvador Dalí nos ofrecía una obra de arte que ejecutaba en vivo y en directo en la pantalla de TVE  cuando yo era aún muy joven. A una distancia de unos  tres o cuatro metros del lienzo,  lanzaba sobre el mismo de forma arbitrariamente histriónica, todo tipo de elementos de tintura…huevos, tomates, mermelada…y engendro finalizado en un “plisplás”. Hasta ahí todo normal…Lo jodido vino después con los elogios, las loas, las prospecciones inestimables de los inestimables críticos que se encargaron de ayudar a los telespectadores a admirar maravilla tal.

Estas y otras derivaciones del arte me llevan a reconocer como una obra artística de valor infinito, “Mierda de artista” del italiano Manzoni. El ánimo crítico que Manzoni “enlató” para adjuntar a su creación, crea curiosamente el efecto contrario de la aparente intencionalidad del autor. O quizás no... Tal vez intentaba demostrar que la estupidez del ser humano llega tan lejos, que es  capaz de comprar más si lo que lleva encima le parece insuficiente. Me refiero a las dos cosas: mierda y estupidez. La obra de Manzoni  lleva camino de igualar en precio al valor, vista la trayectoria en  las subastas…

Visto lo visto, el precio de las obras de arte que produce la cerdita Pigcasso, librada de un matadero en Sudáfrica, no deberían escandalizar a nadie, si además tenemos en cuenta que su dueña dice dedicar la pasta a financiar el refugio donde vive la Pig y  crear conciencia en el público del impacto medioambiental de algunas explotaciones cárnicas.
Pues eso.

Buenas noches.

Victoria



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