Manolo es un buen
amigo. Sabe más que nadie de ecología.
Recicla, reutiliza y reduce los residuos con los que llenamos los contenedores
cada día el resto que no somos Manolo. Él no solo no contribuye a llenarlos
sino que se toma la libertad de rebuscar
y salvar parte de lo que allí se deposita.
Soltero, con una pensión no contributiva, impedido
para trabajar desde hace años como consecuencia de un accidente laboral, pasa y
pasea cada jornada caminando, mochila al hombro, paraguas plegable enganchado
en uno de los bolsillos de la misma, y bastón multifuncional en mano, haciendo un
recorrido sociocultural por el barrio donde vive y aledaños mientras hace parada y fonda en
los distintos contenedores que jalonan el trayecto, estableciendo como
prioritarios los que se surten de los restos de las pequeñas y medianas
superficies en las que , el resto que no somos Manolo, nos proveemos de
alimentos y otros que no lo son tanto aunque así se llamen porque sirven para
tranquilizar a la tripa cuando se
subleva.
Siempre sonríe. Más que en
los labios, se aprecia en sus ojos pequeños y azules que se rasgan y brillan
más cuando lo hace. Camina sin prisa pero con paso amplio y determinación,
deteniéndose a echar una parrafada si
alguien se presta a ello, entrándole con un “Buenos días, Manolo”. Me confesó
que los contenedores más aprovechables son los
de una conocida cadena en la que
siempre encuentra galletas, bollos, embutidos …caducados pero de
reciente caducidad. Según su sabia experiencia, aprovechables. Sin embargo, lo
tiene difícil en otra cercana, llena a rebosar de personas que , a su vez, rebasan y rebosan cestas y
carros. A esta, o no le quedan residuos
o los envía directamente a algún lugar sin dejar rastro, porque Manolo, por
mucho que busca y rebusca con ayuda del bastón no pesca nada de nada. Cosa
extraña, dice él.
Es hombre de amplia experiencia
en su labor cotidiana. Cuando tuve conocimiento de los miembros que forman
el Patronato de la Fundación Princesa de Asturias, pensé que faltaba Manolo. Por
la M solo están Mango y Miguel Abelló Gamazo,
un joven que está al frente de la Sociedad Patrimonial de su familia que solo
alberga una de las más importantes fortunas de España. Pues Manolo, uno de los afortunados que
pueden disponer de su tiempo libre a su antojo y el de su estómago , podría
aportar sus amplios conocimientos, que lo son, al Patronato, engrosando el reducido
grupito de los que empiezan por M.
Por sugerir, que no quede.
Buenas noches.
Victoria
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